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12/6/09

ABANDONO DE BEBES


En estos días la opinión pública fue impactada por el abandono de un bebé, que fue encontrado de noche y por casualidad, salvando así su vida. Hechos como éste se dan con relativa frecuencia, y llevan a preguntarse las razones de esta acción.

En realidad no hay explicaciones que sean aplicables a todos los casos. Hay madres que abandonan al bebé simplemente por factores económicos, de insolvencia. Otras porque puede haber sido una guagua indeseada. Quizás la mayoría, porque no tienen la madurez suficiente para enfrentar un nuevo rol que les demandará cuidados hacia el nuevo ser, la entrega de amor desinteresado, y nuevas y constantes preocupaciones. O tal porque está enamorada de otro; o bien porque tiene planes incompatibles con su nueva calidad de madre, que la hacen tomar la decisión de abandonar el hijo para elegir otra opción de vida. Y por último, tal vez en algunos casos se trata de madres jóvenes que han vivido su embarazo en soledad, lejos de la familia, y se deshacen de la criatura para que nadie se entere.

Si bien pueden hasta cierto punto comprenderse todas estas razones, lo más chocante es la forma en que a veces esto se hace, como el caso mencionado. Podría haberse entregado el bebé a un hogar de menores, a una familia, o en otro lugar, y no haber expuesto a la guagua a una posible e inminente muerte. La reacción popular ante hechos como este o en general frente a las agresiones y el daño hacia los niños es la repulsa y la condena inmediata. ¿Por qué es tan fuerte esta reacción social de condena?

Aunque la respuesta a esta actitud de repulsa y condena podría buscarse en la psicología, por ejemplo en un condicionamiento cultural, la verdadera explicación se encuentra en un nivel más primitivo que el psicológico, como es el nivel instintivo. El ser humano, igual que otros animales, especialmente los mamíferos, tiene un instinto de protección hacia los niños (las crías) que es muy fuerte, y que opera tanto en mujeres como en hombres; es parecido al instinto maternal, pero no es lo mismo. De modo que cuando se expone a un bebé a una muerte o se le daña, este instinto entra en acción. La finalidad de este instinto es precisamente proteger la vida de niños y así preservar la especie.

Otra situación en la cual puede apreciarse este instinto de protección en el ser humano es en los cuidados y protección que brindamos a animales pequeños, por ejemplo gatos y perros. En los animales, que también -como decíamos- poseen este instinto de protección hacia las crías, hay casos documentados en que un animal protegió y cuidó a un animal de otra especie que si hubiera sido adulto habría sido su presa. Y otro caso en donde puede apreciarse el mismo instinto es en de los llamados niños lobos o niños salvajes, en los que un animal ha cuidado, alimentado y protegido a un bebé humano.

La fuerza de los instintos es enorme, y en general tienen más influencia en la conducta que los factores puramente psicológicos, aunque a menudo esta influencia ha sido subvalorada, especialmente por la misma psicología. Pero también hay excepciones, en las cuales el factor psicológico es más fuerte que el factor instintivo, como el caso de religiosos que coartan su instinto sexual, o el mismo caso de madres que abandonan a su bebé. En relación a las consecuencias del abandono materno en el niño, son normalmente muy traumáticas, porque el niño vivirá sintiendo y pensando toda su vida que para su madre hubo algo más importante que él. Pero este tema lo abordaremos en otro artículo.

6/6/08

TERRITORIALIDAD

Se define un instinto como una serie de pautas de comportamiento relativamente complejas, determinadas biológicamente y muy importantes para la supervivencia de la especie. Los instintos se diferencian de los reflejos en que éstos son respuestas involuntarias a un estímulo, mucho más simples.
Hay varios instintos, y uno de ellos es el instinto territorial, que consiste en sentir que el territorio que ocupamos es “propio” e inviolable. En los animales es fácil darse cuenta de que opera en forma muy fuerte el instinto territorial, como lo muestra una simple observación de los perros, que hasta marcan su territorio. Pero aún los reptiles, las aves, e incluso muchas especies de peces, tienen también instinto territorial, es decir poseen un territorio, dentro del cual atacan a cualquier intruso que ingrese.
En la vida animal el instinto territorial tiene una función muy definida. Le indica al animal el lugar donde puede desenvolverse, y obtener dos cosas básicas: comida y sexo. Con la comida se mantiene vivo, y a través del sexo logra procrear y mantener su especie y/o su linaje. El territorio tiene además la función de separar al grupo de pertenencia de otros grupos.
En los seres humanos el instinto territorial opera también, y esto puede verse de muchas maneras. Lo más característico es la casa, el hogar. Siempre se ha considerado el hogar como algo inviolable, en todas partes del mundo, lo cual ha estado respaldado por las leyes. Pero en el ser humano se produce una extensión del instinto territorial, representado por el barrio, el pueblo, o ciertos confines. Además, de manera simbólica el instinto territorial se extiende todavía más, por ejemplo a los límites de la nación o de la patria. De modo que cuando un país invade a otro, se siente inmediatamente como una agresión, dado que nos están amenazando el territorio.
El instinto territorial es muy fuerte en el hombre, auque no nos guste mucho admitirlo. Por ejemplo está también presente en el trabajo, en donde la oficina se convierte en el territorio de su ocupante. O cierta sección de la empresa, como podría ser una bodega, que es el territorio de los bodegueros. Cuando vamos por primera vez a una casa extraña, nos limpiamos los pies, esbozamos una gran sonrisa, hasta nos agachamos un poco y pedimos permiso con mucha humildad para entrar, porque en el fondo sabemos que estamos invadiendo un territorio que no es el nuestro y podemos despertar la agresión del ocupante. Otro ejemplo es el deporte, pues todos sabemos que jugar en el territorio del otro equipo es más difícil que en el propio. En el caso concreto del fútbol, cuando se hacen pronósticos acerca del resultado de un partido, siempre se toma en consideración si el partido se jugará “acá” o “allá”. La cancha puede ser idéntica, el pasto también, los arcos son iguales, etc., pero jugar en un territorio ajeno es una violación del instinto territorial que pasa la cuenta en el resultado.
El antiguo castigo o pena del extrañamiento o destierro, tan común en la antigüedad, nos muestra también lo grave que es dejar de pertenecer a un territorio y quedar sin arraigo. No poder volver a su propia patria era un castigo horrible.
De modo que el instinto territorial es fuerte en el ser humano. Como todo rasgo humano, hay personas que lo tienen más acentuado y otros menos. La amenaza de perderlo despierta de inmediato temor y agresión, y logra muchas veces fortalecer el vínculo entre las personas, aunque tengan diferencias importantes en otros aspectos, las que son dejadas de lado para salvar algo más importante como es el territorio.