
Todos hemos pasado alguna etapa en la cual “nos llueve sobre mojado”. Son algo así como “rachas” negativas, en la cual se sucede una desgracia o un infortunio tras otro. Cuando parecen excesivas o demasiado graves, mucha gente opta por hacer algún conjuro, generalmente un sahumerio.
En este sentido, cuando nos va mal, los occidentales tendemos a pensar o adscribirle la culpa de los nos pasa a cualquier agente externo, sean personas o sucesos anteriores. Sin embargo, ¿es necesariamente así? En otras culturas, situaciones como éstas son abordadas de manera diferente. A un estudioso de la cultura china, hombre erudito, le tocó presenciar un hecho insólito.
En un lejano poblado de China, donde él se encontraba haciendo sus investigaciones, sobrevino una sequía horrible. La gente estaba a punto de perder las cosechas, y decidieron como último recurso llamar a un hombre “que hacía llover”. A los pocos días llegó un anciano. Observó el pueblo, intercambió algunas breves palabras con dos o tres habitantes, y pidió una casita alejada del poblado. Le dieron una, y el anciano se encerró durante tres días, sin que nadie supiera nada de él. Al cabo de esos tres días, el viejo salió de la cabaña y vino un tremendo aguacero.
El estudioso, que estaba de paso por esa comarca, muy asombrado de lo había sucedido, preguntó al viejo cómo lo había logrado, y éste le respondió: “vengo de una región donde todo está en orden. Llueve cuando debe llover y hace buen tiempo cuando se necesita. Pero la gente de este poblado está toda fuera del Tao y fuera de si misma. Me infectó enseguida cuando llegué, así es que pedí una casita al borde del poblado, para poder estar solo. Cuando volví a estar en el
Tao, llovió”.
Pero ¿qué es el Tao? En realidad es un concepto muy difícil de aprender, tanto es así que se dice que si alguien puede definirlo, es porque no es el Tao. Un acercamiento a este difícil concepto es decir que es “el sendero, la vía o el camino, el sentido profundo de la vida, el orden cósmico. Estar en el Tao es como estar en armonía, consigo mismo y con el mundo. Su aprehensión escapa a una conceptualización, y de hecho, se plantea que la mejor manera de conocerlo es mediante una percepción intuitiva del mismo, más que racional. Lo importante es el sentido o el significado del episodio relatado. Cuando en la vida nos vienen esas “rachas”, algo anda mal, y es el momento en que debemos detenernos un instante, y hacer conciencia. Revisar nuestra vida, pero sobre todo revisarnos a nosotros mismo en lo más profundo y con la máxima honestidad (algo harto difícil). Y no se trata de buscar culpas, sino de un autoexamen en el cual revisemos nuestra relación con los demás, nuestros valores, nuestras metas, nuestra sensación con nosotros mismos.
Con toda seguridad, si somos capaces de hacerlo, descubriremos aspectos nuestros en los cuales no habíamos reparado, y ahora, con este “darse cuenta”, podremos acercarnos de nuevo al Tao y las cosas se arreglarán, sin necesidad de sahumerio ni cosas por el estilo. HBC