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08/01/12

CUANDO HIERVE LA SANGRE

Me contaba una amiga, con un dejo de perplejidad, asombro y hasta un atisbo de pena, cómo había sido testigo de una escena en la cual se agredía en forma completamente injusta a alguien, y el agredido no reaccionaba en lo más mínimo. Ante tamaña injusticia, los transeúntes que también presenciaron la escena instaron al ofendido a defenderse, diciendo o haciendo algo, pero esa persona no reaccionó en lo más mínimo. “Y ni siquiera lloró…”, terminaba el relato de mi amiga.

Ella sintió que en esos instantes “le había hervido la sangre”.

¡Qué experiencia más humana! Hervir la sangre: una mezcla de ira intensa e impotencia. Una emoción fuerte, trancada que no puede expresarse; y como todas las demás emociones, tan normal y tan humana.

¡Qué gráfico puede ser el lenguaje a veces!, aún con sus enormes limitaciones para describir estados internos o subjetivos. Pensemos en la palabra “aguardiente”, y cómo describe magníficamente su propia escencia.

Aún habiendo muchas emociones humanas que pueden ser muy fuertes, como el miedo cuando llega al pánico, “hervir la sangre” y enamorarse son dos experiencias humanas profundas y tremendas. Y sin embargo hay muchas personas que no han vivido ni la una ni la otra. Desde luego, esas personas no pueden tampoco comprender estas emociones, ya que por no haberlas vivido no pueden tener la empatía necesaria que les permita una comprensión real de las mismas.

Lamentablemente, quien nunca se ha enamorado ni nunca ha sentido que le “hierve la sangre” no ha vivido lo más humano. Va mucha gente por ahí viviendo una vida “tranquila”, con exceso de racionalidad, con exceso de trancas y desconectados de si mismos. Una vida gris, una vida “light” en definitiva. Y por cierto, sin la energía suficiente para emprender las grandes tareas que nos demanda la vida, como conocerse a sí mismo, o intentar ser mejor.

Se valora en exceso la tranquilidad, y se confunde tranquilidad con serenidad o con armonía interna; pero son estados muy diferentes. La tranquilidad absoluta es la muerte, la inacción. Quien no se ha enamorado, o nunca le ha hervido la sangre, casi puede decirse que no ha vivido. O al menos no plenamente. No se trata tampoco de ensalzar o promover una vida que solamente busca pasión y la intensidad en todo, que tampoco es normal. Pero sí es necesario no desligarse de lo humano, de la experiencia, y en esto se incluye desde luego las grandes emociones. Es precisamente en las emociones donde está la energía y la fuerza del ser humano, la savia de la vida. HBC

19/09/11

EXPERIENCIA MISTICA

La consciencia es quizás lo más privativo del hombre. Por experiencia directa sabemos qué es la consciencia, aunque sea difícil definirla. Podríamos decir que es el “darse cuenta” de lo que ocurre, y más específicamente, de lo que ocurre en nuestro interior. También la experiencia directa nos muestra que hay diferentes estados de consciencia. Por ejemplo, como cuando hemos bebido alcohol, o somos presa de una emoción muy intensa, o simplemente estamos dormidos, tenemos un nivel de consciencia inferior al de vigilia.

Y así como hay estados inferiores de consciencia, los hay también superiores. Uno de ellos, y quizás uno de los más altos al que puede aspirar un ser humano, es la llamada experiencia mística.

Desde el punto de vista psicológico, podría caracterizarse como un estado alterado de consciencia, en donde la percepción de la realidad experimenta un cambio profundo; se percibe de manera desacostumbrada, y sin embargo (y he aquí una paradoja), más real.

Es como si la misma realidad que se ve todos los días fuera reemplazada o superada por una visión más completa y verdadera. Y todo esto se acompaña de una profunda emocionalidad, en donde suele aflorar un goce intenso y hasta un llanto de alegría; se vivencia el amor con una profundidad nunca antes sentida. Se acompaña de un sentimiento y una comprensión muy fuerte de unidad, de que todo está unido con todo. En términos cristianos, es la unión íntima con Dios, y aún su absorción en él. El mundo se ve y se siente perfecto, unificado, y todo tiene un sentido, incluso el bien y el mal.

Es una experiencia difícil de describir, pues tiene el carácter de lo inefable (que no puede ser transmitido con palabras), y difícil de comprender por quienes no la han experimentado, por lo cual se la confunde con otras experiencias o se la tiende a descalificar.

Aún para psicólogos y psiquiatras no es fácil determinar si una experiencia de este tipo fue realmente una experiencia mística o no, y además puede confundirse con otros estados de alteración de consciencia, por ejemplo el efecto de ciertas drogas en la mente. Pero hay diferencias sutiles.

Una experiencia de alteración de consciencia con drogas desintegra; la experiencia mística en cambio, produce una mayor integración de la personalidad. Esto trae como consecuencia que la persona que experimentó el estado místico normalmente se vuelva más armoniosa, internalice más valores positivos, y crezca como persona.

La experiencia mística es un fenómeno poco frecuente, y que se da en pocas personas. Normalmente viene sin previo aviso; es algo que ocurre, y no depende de la voluntad.

Sin embargo algunas condiciones que pueden favorecerla son la búsqueda intensa de Dios, y quizás cierto grado de desarrollo espiritual. Por esta razón es que se da principalmente en personas con una vida religiosa o espiritual intensa. Es a veces tan impactante y fuerte esta experiencia, tan transformadora, que se ha postulado que gran parte de las prácticas ascéticas -como ayunos prolongados, oración continua, autoflagelamiento, aislamiento del mundo, etc.- lo que pretenden es lograr este estado o bien mantenerlo si es que ya la persona lo experimentó.

En todas las grandes religiones ha habido místicos, algunos de los cuales han dejado el testimonio de su experiencia a través de escritos. El viejo texto (pero de fácil acceso) conocido como “Desiderata”, en cierto modo describe la visión mística del mundo. HBC

06/08/11

PRESENTACION DEL LIBRO ROJO DE C. G. JUNG EN LA UNIVERSIDAD ARTURO PRAT, EN IQUIQUE

El LIBRO ROJO es un manuscrito escrito e ilustrado por el psicólogo suizo C. G. Jung entre los años 1914 y 1930, y considerado como la base de sus teorías. Este manuscrito permaneció celosamente guardado por la familia del psicólogo más de 50 años, hasta su reciente publicación el año 2009 (en inglés), y ahora en español, en Febrero 2011. La Universidad Arturo Prat adquirió este libro para la Carrera de Psicología, lo que proporcionará a los estudiantes y los estudiosos de la obra de Jung, la posibilidad de rastrear en el texto conceptos tan importantes como los de “arquetipos”, “inconsciente colectivo”, “individuación”, “el sí mismo”, el “anima”, "sincronicidad" y otros. Se realizó la presentación el día Jueves 4 de Agosto, en la misma Universidad, con una asistencia de unas sesenta personas.

02/07/11

PRESENTAN PELICULA UÑUMCHE EN LA UNAP



El Miércoles 13 de Julio, a las 19:30 horas, en la sala de videoconferencias de la Universidad Arturo Prat, fue exhibido el film “Uñumche, El Hombre Pájaro”, del realizador Carlos Bussenius C. Al finalizar la película se realizó un conversatorio con el Director. La actividad fue organizada por el Instituto de Estudios Andinos ISLUGA, dependiente de la Universidad Arturo Prat, y la colaboración de la carrera de Psicología de la UNAP. Cristian Ortega, coordinador del Instituto, expresó su satisfacción por la exhibición del film, y destacó la visita del director a Iquique. El público asistente se mostró muy interesado por el contenido de la película.

SINCRONICIDAD

El mundo esta lleno de misterio y de cosas que aún no pueden ser satisfactoriamente explicadas ni comprendidas; sin embargo lo más interesante de todo esto es el propio fenómeno humano, especialmente nuestra psiquis.

Unos de los fenómenos psíquicos más interesantes, controvertidos e inexplicables, es la sincronicidad. Se la define como la ocurrencia de una coincidencia significativa, que va más allá de cualquier explicación racional.

Quién le puso el nombre a este fenómeno y lo estudió más a fondo fue el famoso psicólogo suizo C. G. Jung. Una situación que precisamente a él le tocó vivir, ejemplifica muy bien este fenómeno. Jung estaba atendiendo a una paciente muy difícil, y que no avanzaba en su tratamiento. En el preciso instante en que ella le contaba un sueño relacionado con un escarabajo, y para gran asombro de la paciente y del mismo Jung, apareció un escarabajo en la ventana… el resultado fue que la paciente, una dama extremadamente racional, pudo vencer un profundo trauma y abrirse a las emociones, con lo que consiguió terminar su tratamiento con éxito.

¿Existen estas coincidencias significativas, esta sincronicidad? La respuesta parece ser claramente afirmativa. ¿Nunca le ha sucedido que necesita hablar con alguien y de pronto esa persona aparece? ¿O necesita comunicarse con alguien por teléfono y justo esa misma persona lo está llamando? Estos ejemplos tan simples nos han pasado a todos alguna vez. Es como decir que todo se conjugó o concatenó de una manera especial. Encontrarse en el momento preciso, con la persona precisa, en el lugar preciso...

Toda persona que alcanza cierto grado de madurez comienza en alguna etapa a hacerse algunas preguntas sobre la existencia, su significado y su propio destino, y si presta atención, tarde o temprano descubre la sincronicidad en su propia vida.

Quien vive un fenómeno de sincronicidad experimenta una sensación de certeza, es un darse cuenta de que la vida tiene una mayor riqueza y contenido que lo pensado hasta ese momento. Que siempre hay caminos misteriosos que nos conectan a realidades de otro tipo. El estudio de la sincronicidad en la propia vida, puede por lo tanto iluminar y entregar respuestas a cosas importantes.

Explicaciones satisfactorias, como se decía, no hay; solamente teorías. Pero el fenómeno se da. Es posible que esté ligado a áreas poco conocidas del cerebro humano, como el hemisferio derecho, las áreas de asociación, y por cierto la misma emocionalidad. Lo importante es constatar la sincronicidad, y eventualmente comenzar a desarrollarla, lo que enriquece nuestra vida y es una de las formas que puede tomar el verdadero desarrollo personal. HBC

24/04/11

LAS BELLAS PALABRAS

Releyendo estos días el libro chino Tao Te King, considerado un ejemplo de sabiduría, reparé en una frase con la cual inicia uno de sus epigramas o capítulos, que me llamó la atención. La oración en cuestión decía “Las palabras verdaderas no son bellas... Las bellas palabras no son verdaderas”.



Aunque el Tao Te King es un libro en cierto modo bastante enigmático, de no fácil comprensión ni interpretación, la frase me llamó la atención porque parecía -al menos- discutible. Pero por otra parte, un libro reputado como pleno de sabiduría, que tiene unos dos mil quinientos años, y que además dio origen a una religión, “no podía estar tan equivocado”. Por tanto, después de una larga meditación, comencé a vislumbrar el sentido de la frase. Y creo que este sentido se refiere claramente al hecho de que a algunas personas, a través de un vocabulario elevado, les gusta hacer gala de erudición o de impresionar a los demás... o también -por paradojal que parezca- de ocultar, a través de un lenguaje plagado de tecnicismos, su ignorancia y falta de verdadera comprensión de lo que están hablando.



Ejemplos abundan. Es así como en una reunión reciente en que participé, donde eran todos ingenieros, se encontraba un profesional de las ciencias sociales. Durante su intervención hizo gala de un vocabulario tan extraordinariamente florido, rebuscado y técnico, que ningún ingeniero comprendió lo que dijo; pero nadie se atrevió a preguntar lo que significaban las palabras que usó. O el caso –más patético todavía- de un profesor universitario que conocí. Cuando algún alumno le hacía una pregunta algo más complicada de lo habitual, “sacaba su arma secreta”, es decir las “bellas palabras”. Si el alumno insistía, este profesor sacaba su arsenal completo, utilizando un lenguaje que dejaba al alumno sin ningún deseo de seguir preguntando, so pena de ser tildado de muy ignorante.



A veces vemos esta misma historia en el área médica. Un paciente desesperado con alguna patología, que quiere legítimamente entender su propia enfermedad, recibe del médico una “explicación” tan absurdamente complicada, llena de tecnicismos, que no se atreve a preguntar más, y queda sumido en la ignorancia, y además –lo que es más grave- sin tener ninguna posibilidad de ahí en adelante de jugar un papel algo más activo con su propia dolencia. Otro caso notable son los políticos, aunque ya –por fortuna- la gente ha dejado de creer en sus discursos.



A veces, detrás de esta afición al lenguaje complicado e hipertécnico existe una presunción errónea. Esta presunción es que muchos creen que cuando se nomina algo o bien se le da o se le encuentra un nombre, el fenómeno se ha comprendido. Nada más lejos de la verdad. Decir que Juan tiene asma puede permitir clasificar su problema, pero de ninguna manera comprenderlo a cabalidad.



Definitivamente, detrás de las “bellas palabras”, de ese lenguaje complicado, se oculta la mayor parte de las veces una fuerte necesidad de notoriedad y admiración. Son personas sobrepasadas por su propio ego, con una gran autocomplacencia o vanagloria, o personas que les gusta escucharse a sí mismas.



Por cierto que en el idioma tenemos que utilizar los vocablos que mejor representen la idea que se quiere transmitir. Pero esto es bien diferente de hablar con preciosismos y rebuscamientos, con tecnicismos exagerados, casi con afectación incluso, que es a donde apunta el libro chino. La buena comunicación en realidad es esencial en la vida, y consiste en transmitir una idea, es decir que emisor y receptor logren entender lo mismo. Pero el lenguaje rebuscado, a través de las “bellas palabras”, incomunica en vez de comunicar. HBC

05/03/11

ASUNTOS INCONCLUSOS


La mente funciona de manera muy especial, y tiene algunas leyes que los psicólogos hemos ido descubriendo. Una de ellas es la completación, que significa que las experiencias emocionales que se viven a medias y no se completan dejan una huella más fuerte en la psiquis que si se hubieran completado o cerrado.

En una situación tan simple como una discusión, por ejemplo, si una de las personas no pudo expresar todo lo que sentía pasará buena parte de la tarde “rumiando” lo que debería o no debería haber dicho. Muchos de los famosos traumas derivan precisamente de situaciones inconclusas que van quedando en la vida.

Un aspecto particularmente grave de los asuntos inconclusos es que en la mente no existe el tiempo. Ya Freud había descubierto que lo emocional es atemporal. En la vida diaria, uno puede comprobarlo también: si nos interrumpen una conversación interesante, podemos juntarnos un par de días después y proseguirla como si nada hubiese pasado.

Por esa razón los traumas o las situaciones inconclusas pueden arrastrase años de años; en el fondo constituyen una emoción que no se vivió enteramente, y quedó anclada en la mente. Conocí el caso de una persona que quedaba gravemente afectada cuando hablaba de su padre, muerto hacía más de treinta años; el padre había fallecido estando peleados, y jamás pudo pedirle perdón, ni alcanzó a decirle que lo quería. Cuando logró cerrar su asunto inconcluso, recuperó la tranquilidad y felicidad que siempre debería haber tenido.

Cada asunto inconcluso es en el fondo una preocupación que queda en la mente, pero peor aún porque queda con una carga emocional importante. Muchas personas se quejan de “llevar una carga en la vida”, o “una pesada mochila”, y la más de las veces se trata precisamente de situaciones inconclusas. Hay técnicas que ayudan a superar los asuntos inconclusos.

Quizás la más importante es aprender a no dejar cosas pendientes, a terminar lo que hemos empezado, en todo orden de cosas. Es también muy importante ser asertivo, es decir, aprender a expresar lo que se siente en todo momento. También ayuda mucho lograr vivir más el presente, y aceptar el pasado tal como fue, aunque no haya sido lo ideal. Es también de gran importancia desarrollar la capacidad de perdón que todos tenemos, porque muchos asuntos inconclusos tienen que ver con sentir que hemos sido dañados. Para esto último muchas veces debe observarse primero al ego, al orgullo, lo que es difícil. También al plantearse metas, hay que ser realista, eligiendo aquellas posibles de cumplir, para que no se transformen en un asunto inconcluso.

En todo caso, lo más importante es que cuando vivamos situaciones que sentimos como de alto contenido emocional, seamos capaces de darnos cuenta de esto y preocuparnos de hacer “el cierre” en ese momento. Y podemos saber si hicimos bien el cierre porque uno queda tranquilo. HBC

27/02/11

EXPERIENCIAS EXTRACORPOREAS: nueva posible explicación

Las experiencias extracorpóreas son producto de un cerebro confundido, según revela una investigación con realidad virtual, y no serían por tanto fenóemnos espirituales.

Las experiencias extracorpóreas son aquéllas en las que el individuo tiene la sensación de estar flotando fuera de su cuerpo, pudiendo ver incluso su propio cuerpo físico desde “fuera”. Estas experiencias han sido relacionadas con lo paranormal y con lo espiritual, y han sido consideradas una prueba de la existencia del alma. Sin embargo, una investigación realizada con realidad virtual por científicos de la EPFL de Suiza ha revelado que las experiencias extracorpóreas podrían ser producto, simplemente, de una confusión cerebral, que se produce cuando el equilibrio entre tacto y visión se trastorna. Continuar...

07/01/11

PSICOLOGIA Y PEDAGOGIA

Dos ciencias que están muy ligadas entre sí son la psicología y la pedagogía ya que ambas comparten una serie de problemáticas en común. Cada una ayuda a la otra y se hacen aportes mutuos.

El punto común más importante entre ambas disciplinas es la educación o aprendizaje. Es precisamente en este ámbito donde la psicología ha hecho grandes aportes, comenzando por el estudio de los mecanismos que permiten el aprendizaje, el conocimiento de las etapas de madurez mental y emocional de los niños, hasta los sistemas de recompensa que favorecen la asimilación de conocimientos.

Sin embargo de ningún modo se debe caer en una visión psicologista de la pedagogía, y pensar que la ciencia de base y la única verdadera es la psicología. Un problema pedagógico típico, como decidir cual puede ser la mejor manera de aprender a leer – por ejemplo – si empezar por las letras, pasar después a las palabras y finalmente a las frases, o si más vale más proceder por orden inverso, es asunto netamente pedagógico.

Otro problema propiamente pedagógico es la forma o la metodología que debe utilizarse en el aprendizaje de diferentes ciencias. Por ejemplo, cuál será el mejor sistema de estudio de la filosofía, o de la física, o de un idioma extranjero, son asuntos que debe responder la pedagogía y no la psicología.

De modo que, teniendo mucho en común, tanto psicología como pedagogía son disciplinas diferentes, y cada una hace su aporte a la educación desde su propia perspectiva. Una disciplina que en cierta medida hace de puente entre ambas es la psicopedagogía, que se refiere al estudio de los problemas de aprendizaje y sus soluciones, como la reeducación de una dislexia, de una discalculia, etc.

Si bien la psicología y la pedagogía tienen su propia historia, la pedagogía es anterior en mucho tiempo a la psicología. Ya en las culturas griega, hebrea, y al parecer en Egipto, existían escuelas y pedagogos. La psicología en cambio, comenzó oficialmente a existir como ciencia recién a fines del siglo diez y nueve. Y el primer punto de contacto entre ambas se produjo hace poco menos de un siglo, cuando la psicología, a pedido de los pedagogos, comenzó a desarrollar los test de edad mental, que muy pronto derivaron en los test de inteligencia. Estos tests permitían calcular la edad mental de los alumnos, compararla con su rendimiento académico, y establecer las causas de muchas de las dificultades escolares que presentaban los niños.

De ahí en adelante la colaboración entre psicología y pedagogía ha sido permanente. Y esto se refiere tanto a las investigaciones que se llevan a cabo en educación, como al abordaje de los problemas que presentan los alumnos en el aula, a las técnicas específicas de aprendizaje, etc.

Otros problemas comunes para ambas ciencias son la educación de los niños con déficit, o al contrario, la educación de los niños superdotados. También temas como la asesoría a los padres, los incentivos, el manejo de la conducta en la sala de clase, y muchos otros, son comunes a ambas.
Finalmente, cabe decir que el trabajo conjunto entre pedagogos y psicólogos, además de haber dado muestras de ser muy fructífero, promete todavía nuevos logros, y constituye además una instancia de un trabajo en equipo multidisciplinario que es muy enriquecedora para los profesionales de ambas áreas. HBC

12/12/10

ESTIMULACION INTELECTUAL

La inteligencia, al igual que muchas otras características psicológicas, viene dada por dos aspectos fundamentales: la herencia y el medio ambiente. La herencia, lo genético, da los límites a los cuales se puede llegar, pero depende de la estimulación (o sea del medio ambiente), cuánto puede acercarse el desarrollo de la inteligencia de un niño a ese límite máximo.

La inteligencia, aunque no se puede desarrollar a voluntad, no es tampoco inmutable, sino que puede ser aumentada o disminuida en alguna medida como consecuencia de que haya sido o no estimulada; dado que está compuesta de la interacción de varias capacidades psíquicas. La estimulación de estas capacidades se traduce un cierto aumento de ella. Esto es especialmente importante en el caso de los niños, quienes, si han tenido una adecuada estimulación intelectual, pueden enfrentar mejor todo tipo de desafíos cognitivos que la vida les depare.

Una forma de estimular la inteligencia es trabajar según el modelo de las habilidades, es decir incentivar el uso de diversos factores o capacidades psíquicas. En general, es conveniente tener presente que este tipo de estimulación tiene que cumplir tres requisitos: en primer lugar ser sistemática, como por ejemplo realizar con el niño algunas acciones todos los días durante cierto tiempo. En segundo lugar, debe ser permanente, es decir como una actitud frente al niño; por ejemplo, en cada conversación, juego, salida al aire libre, mediante preguntas u observaciones, estimular algún área de su inteligencia. Y en tercer lugar, lo ideal es que esto sea lúdico, es decir en forma de juego. De este modo, los mismos padres pueden ser las personas que mejor estimulen la inteligencia de sus hijos.

Algunas forma de trabajar con la mente del niño para estimularla pueden ser las que se mencionan a continuación. Identificar objetos por el uso: con objetos concretos o bien en láminas, hacer preguntas que lleven al niño a la reflexión. Otra forma muy parecida es pedir al niño que haga o intente definiciones, que pueden ser desde lo más sencillo, como por ejemplo pedirle que diga qué es una mesa, un perro, un lápiz, etc., hasta definiciones más abstractas, como pedirle que defina qué es arte, amor, u otros conceptos abstractos.

Hacer que el niño clasifique objetos por forma, tamaño, color, u otra variable, es también muy importante, porque esto desarrolla su capacidad de abstracción, ya que debe encontrar los elementos comunes a objetos diferentes. Se le puede instar por ejemplo, a encontrar semejanzas y diferencias entre un perro, un gato y un pollo. Paulatinamente pueden incluirse más elementos en la serie. Se puede conversar con el niño por qué agrupó los elementos a su manera. La idea es llegar a la noción de clase o categoría; por ejemplo pollo, loro y paloma, son animales que vuelan. También en forma de juego se puede nombrar un objeto -por ejemplo, radio-, y esperar que el niño nombre otros objetos de la misma categoría.

Otro tipo de estimulación importante es trabajar con el principio de causalidad, es decir que el niño vaya descubriendo la relación causa – efecto. La memoria auditiva puede estimularse pidiéndole al niño que memorice series de objetos. La ejecución de órdenes verbales, cada vez más complejas, es también importante; por ejemplo se puede comenzar por dos acciones, diciéndole “deja el lápiz en el escritorio y tráeme el libro”; luego agregar un tercer elemento, y así sucesivamente.

La comparación de atributos suele ser también un buen medio de estimulación intelectual. Por ejemplo frente a una foto de dos personas o paisajes en una revisa, preguntarle cuál de las dos es más bonita. O cuál elemento es más rápido, si lo hacemos ver un auto y una carreta.

Las soluciones a situaciones concretas son también excelentes medios de estimulación, que desarrollan lógica y creatividad. Hacerle preguntas como ¿para qué tenemos casa? ¿Qué hay que hacer cuando se tiene frío? Qué hay que hacer si te pierdes en la calle?, incentivan pensamiento lógico y creativo. Además, todos los juguetes didácticos son formas útiles de estimulación. HBC

08/11/10

La meditación potencia también la salud celular

El bienestar mental que produce esta práctica tiene un profundo efecto en la fisiología humana, revela un estudio.

Los cambios psicológicos positivos que propicia la meditación están relacionados con un aumento de la actividad de la telomerasa, una enzima esencial para el mantenimiento de la salud celular del organismo. Esto es lo que revela un estudio realizado por científicos norteamericanos, que es el primero en relacionar el bienestar y los cambios psicológicos que ayudan a enfrentar el estrés con un aumento de dicha enzima. Los resultados obtenidos vienen a sumarse a los de otros estudios, que apuntan a que esta práctica es altamente beneficiosa, tanto para la salud mental como para la salud física del ser humano. Los cambios psicológicos positivos provocados por la meditación están relacionados con un aumento de la actividad de la telomerasa, enzima presente en células, en tejidos fetales y en ciertas células madre, que permite el alargamiento de los telómeros (extremos de los cromosomas). Además, la telomerasa resulta esencial para el mantenimiento de la salud celular del organismo (continuar).

03/11/10

PERCEPCION Y REALIDAD

Podemos definir la percepción como la representación mental que nos hacemos de los objetos, las personas, las situaciones, y también de nuestro propio mundo interior. Es decir, captamos el mundo que nos rodea a través de la percepción. Jamás lo captamos como realmente es, ya que la percepción está influida por una serie de factores.

Percibir es un acto mucho más complejo de lo que parece, ya que no nos limitamos a fotografiar la realidad. La percepción es, de alguna manera, siempre una interpretación de la realidad. Sin embargo, no todo es pura subjetividad, pues hay también elementos y factores que influyen en la percepción, y que son comunes a todos los seres humanos. Esto ha sido estudiado por los psicólogos, y constituyen las llamadas “leyes de la percepción”. Un ejemplo de esto es cuando observamos un palo en el agua; lo vemos torcido, pero “sabemos” que está recto.

Por eso, podemos decir que más que fotografiar lo real, lo que hacemos es adaptarlo a nuestras condiciones subjetivas, a una serie de factores mentales personales. Lo que verdaderamente captamos del mundo son una serie de estímulos o sensaciones que –de una manera casi inconsciente- agrupamos para formar figuras o representarnos la realidad.

Pero además de estas “leyes” de la percepción, hay que agregar la enorme cantidad de factores estrictamente personales que influyen en ella. Esto hace que unas personas se fijen en aspectos que a otras les pasan inadvertidos. Un factor muy importante es la atención, puesto que en función de nuestro interés u otros factores similares elegimos los parámetros de la observación.

Pero hay muchos otros factores subjetivos además de la atención, dado que nuestra subjetividad es compleja y se halla impregnada de experiencias, valores, intereses, actitudes, etc. Por eso dos personas ante una misma situación pueden fijarse y prestar atención en aspectos opuestos; porque sus intereses son distintos. Esto explica también por qué cuando un grupo de personas observa un accidente, cada uno hace un relato diferente. En realidad, nadie percibió lo mismo.

Otros factores personales que siempre influyen en la percepción son las creencias y actitudes que tenemos, nuestra propia personalidad, el entorno cultural en que nos desenvolvemos, nuestros hábitos, expectativas y necesidades, nuestras emociones y sentimientos, y un gran etcétera.

De modo que aún viviendo en el mismo mundo, el mismo hábitat, cada cual lo percibe y siente de diferente manera. Si llevamos esto a la práctica, puede ser un magnífico punto de partida para mantener una buena convivencia y buenas relaciones humanas. En efecto, si logramos entender que la “realidad” nunca existe como tal, sino que es producto de nuestra percepción, seríamos mucho más tolerantes con otros puntos de vista; también podríamos darnos cuenta de que cuando “juramos” estar en lo cierto con un juicio o una apreciación, más bien nos estamos identificando con una percepción, que, como hemos visto, es tan subjetiva. Y por esta misma subjetividad la percepción está sujeta a cambios bien marcados.

Lo que hoy una persona percibe de una manera, mañana puede percibirlo de otra forma. Finalmente, podemos decir que entender este fenómeno de la percepción y su relación con la “realidad”, es parte del cambio personal, y más aún de la evolución y crecimiento personal. Porque si desde niños percibiéramos el mundo siempre igual, no tendríamos ningún desarrollo. HBC

LA RELACION CON LOS DEMAS

El hombre es un ser que está en relación con muchas cosas, muchos elementos en forma simultánea. Se relaciona con su ambiente, con otras personas, con su trabajo, y también consigo mismo. Más importante que la cantidad de relaciones que establezca, es la calidad de las mismas. Así, por ejemplo, para relacionarse con los demás y consigo mismo, debe cumplir algunas condiciones; sin pretender enumerarlas todas, se puede citar las principales.

En primer lugar es importante la actitud de apertura; esto significa estar abierto al otro, no prejuzgarlo ni clasificarlo (etiquetarlo), de antemano, ni tampoco tener prejuicios formados por cualquier circunstancia. De este modo la relación se hace libre.

Es también importante abrirse, mostrarse en forma auténtica. Quien permanentemente se oculta tras algunas máscaras priva a los demás –especialmente a sus seres queridos- de la posibilidad de mostrarles su riqueza interior. Y quizás peor aún, pues termina por vivir con la máscara y creyendo ser así. Abrirse no es fácil, porque exige valentía y conlleva siempre un riesgo, en el sentido de ser dañado si mostramos nuestro “talón de Aquiles”. La vida por otro lado nos enseña con quién uno se puede abrir y con quién no.

Finalmente, para una relación sana es imprescindible el contacto con la propia emocionalidad. Saber siempre qué se está sintiendo, de modo que las emociones fluyan libremente, y tengan una salida o cauce natural. Si estamos “trancados” con alguna de esas emociones nuestro propio desarrollo también se estanca. HBC